Y POR FIN... NACIÓ MI PEQUEÑO

20.06.2012 00:00

Recuerdo mi embarazo como los nueve meses más largos de mi vida. Los seis primeros fueron llevaderos hasta que mi cuerpo se convirtió en una especie de zeppelin a punto de reventar. Muchas de vosotras me comprenderéis cuando os diga que a partir del septimo més de embarazo sólo quería que me lo sacaran. Las manos y los pies se me inflamaron hasta el punto de que apenas a un mes del parto casi no podía caminar.

Mi caso llegó hasta tal punto que cuando la doctora comprobó, a mis 39 semanas, que la criatura pesaba la friolera de 4250gr tomó cartas en el asunto...y por fin llegó el ansiado día.Definitivamente tenía que ser por cesarea y a pesar de la emoción del momento, entré al quirófano como un niño entra en la consulta del dentista por primera vez..."cagada". No podía dejar de temblar y repetía constantemente "voy a tener un hijo",mi duda era si el chiquitin respiraría al salir de mi gigantesca barriga. La operación fue rápida,mi hijo salió en unos 15 minutos con un  peso de 4490gr, 56 cm y respiraba!!el tocar por fin a mi bebe y ver su carita borró todo  lo sufrído en meses anteriores...fue un momento mágico e inolvidable.

Tras el parto llegó el momento de la verdad, porque lo difícil no es dar a luz, ni pasar nueve meses durmiendo con una almohada entre las piernas, y eso la que pueda dormir o no poder andar por el hinchazón de piernas entre otras miles de cosas... no...lo complicado llega cuando el pequeño comienza a berrear y una no sabe que hacer. Le coloqué en el pecho pero estaban demasiado duros para su temprana boquita asi que durante los seis días de ingreso mi hijo perdió casi medio kilo. Ni las duchas de agua templada, ni la manta eléctrica sobre los senos, ni el repulsivo saca leches hicieron que pudiera mamar ni una sola gota de leche.

Tras el alta y despues de dos noches infernales en las que la melodía en mi casa era el llanto desconsolado de una criatura muerta de hambre me decidí a ir al hospital más cercano para pedir ayuda ante la situación desesperada. Una vez allí una matrona llamada Begoña, a la que todavía estoy por hacer un regalo, me enseñó a colocar al bebe en el pezón, masajeó hasta la saciedad mis pechos duros como piedras y me enseñó a colocar el sacaleches correctamente para "sufrir" lo menos posible. Una vez realizadas todas las operaciones... por fin mi hijo estaba comiendo. La verdad es que aquella mujer salvó mi vida pero sobre todo  la de mi hijo.Si no fuera por estas grandes profesionales...